Polémica dieta en autismo

Una correcta alimentación favorece a la salud de los niños con autismo.
Una correcta alimentación favorece a la salud de los niños con autismo.

Nadie está realmente preparado para ser padre. No existe colegio, universidad o curso que nos prepare para enfrentar la responsabilidad de cuidar de la vida de otro ser humano. Aún menos cuando se trata de niños con autismo. 

A diferencia de otras condiciones o síndromes que pueden ya ser detectadas en útero, el autismo es una condición con la que se nace, pero no se puede diagnosticar sino pasado los 15 meses de vida. De allí el mayor impacto emocional y psicológico que reciben los padres con el diagnóstico. 

Los padres realmente celebran el nacimiento de un hijo sano, salen del centro de salud con la tranquilidad que todo salió bien durante la gestación, el parto y las primeras 48 horas de vida. Todo transcurre en la alegría, y normal nerviosismo de los padres, hasta que un día su hijo/a un día deja de verlos a los ojos, deja de responder el llamado de su nombre, se aísla, y deja de comunicarse. 

En este momento comienza el vía crucis de evaluaciones, médicos, especialistas, terapias, situación que crea tensión emocional, familiar y económica. Un gran porcentaje de parejas rompe su relación como consecuencia del luto azul que nace automáticamente después del diagnóstico de autismo de un hijo/a, dejando una gran carga emocional, familiar, económica y de responsabilidad a la madre. 

Después del diagnóstico, queda un largo y arduo camino que hay que recorrer. Innumerables las terapias que se deben realizar semanalmente: la terapia conductual, la terapia de lenguaje, la terapia ocupacional, la terapia sensorial, la terapia psicológica, el apoyo psicopedagógico, y para quienes tienen los recursos y la oportunidad, existen las terapias llamadas alternativas cuyo aporte es importante y significativo como el neurofeedback, método Tomatisequinoterapiadelfinoterapia. Método sunrise, entre otros.  

Aunado a estas terapias el niño/a con autismo, no puede descuidar el área biológica de la condición, en ella encontramos la salud neurológica, gastrointestinal y nutricional. 

La alimentación en autismo es el área más polémica y discutida. Existen grupos pro dieta y grupos en contra de las dietas en el autismo. La evidencia científica nos demuestra grandes beneficios, y la mayor parte de las madres buscan información y formación para saber que alimentos perjudican en la condición y cuáles por el contrario son beneficiosos. 

La ciencia nos ha demostrado que las personas con autismo (sea cual sea su nivel de compromiso), poseen fallas metabólicas y digestivas con alimentos como la caseína (proteína de la leche de origen animal), el gluten (proteína del trigo, cebada, avena, mijo, Kamut, Centeno), y la proteína vegetal de la soja / soya.  

Muchos creen que se trata de un proceso de alergias, en realidad en el cuerpo de la persona con autismo el consumo de estas proteínas lleva un proceso imparcial de digestión, haciendo que dichas proteínas no llegue a desdoblarse en simple aminoácidos, sino quedan en forma de péptidos. Estos péptidos (proteínas semi digeridas), provocan daño intestinal, conocido como intestino impermeable, es decir un intestino vulnerable que permite la fuga de moléculas como dichos péptidos por sangre, el cual llega al cerebro atravesando la barrera hematoencefálica y resultando en neurointoxicación y neuroinflamación.  

Una vez que se retira para siempre el gluten la soja y la caseína, el niño con autismo mejora sus funciones cognitivas, mejora la calidad y cantidad de horas de sueños, mejora la concentración, reduce o elimina la niebla mental, reduce las estereotipas, mejora la hiperactividad, mejora las evacuaciones, reduce los malestares gastrointestinales y las cefaleas.  

No basta solo con retirar estos alimentos, debemos integrar los sustitutos, por ejemplo la leche de origen animal (vaca, búfala, oveja, cabra) por la de origen vegetal (arroz, almendras, coco, nueces), sustituir las harinas con gluten por harinas sin gluten, usar los granos o leguminosas, los tubérculos, como fuente de carbohidratos libres de gluten, el pan, la pasta, las galletas y postres deben ser libres de gluten y caseína.  

La alimentación del niño con autismo debe ser rica en prebióticos y probióticos con el fin de mantener un equilibrio entre las bacteria benéficas y no benéficas del intestino, y evitar de este modo la tan temida disbiosis intestinal tan característica en la condición.   

Debemos saber que el cuerpo del niño con autismo en la mayor parte de los casos tiende a ser un organismo, malnutrido e intoxicado.Malnutrido por factores que afectan la ingesta y absorción de los nutrientes tales como: selectividad de los alimentos por gusto, color, consistencia, la presencia de problemas gastrointestinales, la falta de independencia a la hora de comer, desinterés por el alimento, etc. Y la intoxicación por metales pesados y otros elementos debido al bajo funcionamiento de la función de desintoxicación del hígado en estos niños. 

La alimentación del niño con autismo debe ser planificada y seguida por un nutricionista especializado en el área, con el fin de garantizar un adecuado crecimiento, estado nutricional, salud intestinal, y suplementación personalizada. 

Dentro de las últimas investigaciones encontramos un grupo de alimentos que mejoran algunos de los clásicos síntomas del autismo: intención comunicativa, lenguaje, contacto visual, estereotipas. Se trata del grupo de las Brassica Oloracea.

Los investigadores del Hospital MassGeneral Infantil y la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins han encontrado evidencias que el tratamiento diario con sulforafano, una molécula que se encuentra en alimentos como el brócoli, la coliflor y la col, puede mejorar algunos síntomas de espectro autista. En su informe, los investigadores describen cómo los participantes que recibieron una dosis diaria de sulforafano mostraron una mejoría en dos evaluaciones del comportamiento y comunicación en tan sólo cuatro semanas.  

Así, este pequeño ensayo piloto ha incluido a 44 jóvenes, entre los 13 y 27 años, que habían sido diagnosticados de trastorno del espectro autista de moderado a grave. Los participantes fueron asignados al azar ser tratados con una dosis diaria de sulforafano -extraído de los brotes de brócoli- o un placebo. Ni los investigadores, ni los participantes ni sus cuidadores sabían quién estaba recibiendo el medicamento.  

Para valorar el impacto del tratamiento, todos los participantes fueron sometidos a pruebas de comportamiento e interacción social al comienzo del estudio y en las semanas 4, 10 y 18 después del inicio del tratamiento. Éste se interrumpió a las 18 semanas, y se realizaron evaluaciones posteriores a 22 participantes 4 semanas más tarde.  

Las puntuaciones medias de cada una de las evaluaciones fueron significativamente mejores para los 26 participantes que recibieron sulforafano que para los 14 que tomaron placebo. El beneficio se observaba incluso a las 4 semanas; así, se apreciaba una mejoría en el comportamiento, y para el final del estudio, tanto el personal del estudio como los miembros de la familia, sabían perfectamente quién había recibido el fármaco debido a sus cambios en el comportamiento (mejora en factores como irritabilidad, letargo, movimientos repetitivos, hiperactividad, motivación y los gestos, la interacción social y en la comunicación verbal). 

Lic Rosisella Puglisinutricionista Clínico  

Instagram:  nutricionista_rosisella