Una a mirada a la guerra como potenciadora de la crisis climática

En nuestra cotidianidad, el aumento de la inflación, el costo no sólo de la electricidad sino también de la gasolina, nos hace sentir de manera directa los efectos de la guerra en Ucrania; pero hay otros efectos que si bien no se perciben directamente, comprometen de manera significativa la posibilidad de cumplir las metas climáticas y en consecuencia advierten la posibilidad de agravarse la emergencia climática.

El medio ambiente es la víctima silenciosa de los conflictos, nos dice Doug Weir, director de Conflict and Enviroment Observatory (CEOBS) (1), organización británica que desde el 2018 ha buscado aumentar la concienciación y comprensión sobre las consecuencias humanitarias y ambientales derivadas de los conflictos y actividades militares. (2)
Weir alerta que la guerra ha logrado en corto plazo desviar la atención del mundo sobre los esfuerzos globales ante la crisis climática (3); coincidiendo en ese sentido, el ex Secretario de Estado de USA, John Kerry (4), quien también ha alertado que la guerra es un hecho que puede distraer al mundo del problema grave del cambio climático.
Por su parte, Axel Michaelowa, de la consultora climática alemana Perspectives Climate Group, ha expresado que la guerra hace más difícil que, particularmente, los países del G7 alcancen los objetivos climáticos del Acuerdo de París. (5)
Es importante advertir que desde hace años, hemos venido escuchando alertas sobre la dificultad de alcanzar las metas globales en materia climática, por lo tanto enfrentar el fenómeno climático encuentra ahora en la guerra un desafío significativo que debe afrontar y que amenaza con agravar aún más la posibilidad de alcanzar las metas climáticas globales.
En el 2018, el climatólogo Glen Peters, del centro de investigación Cicero de Oslo, advirtió que la economía y la energía estaban superando a las políticas climáticas. “Estamos lejos de la trayectoria que nos permitiría permanecer en un alza de la temperatura de 1,5 C o incluso 2 C. Crece la retórica pero no la ambición, hemos derrapado completamente los objetivos del Acuerdo de París”. (6)
Entonces el climatólogo Kevin Anderson, de la Universidad de Manchester, advertía que era el momento de abrir los ojos, las emisiones continuarán aumentando. (7) Un informe de ONU en materia de cambio climático publicado en el año 2021, reconocía que los niveles de ambición climática, no están en el camino de cumplir con nuestros objetivos del Acuerdo de París, según afirmó en su momento Patricia Espinoza, Secretaria Ejecutiva de ONU Cambio Climático. (8)
Para António Guterres, Secretario General de la ONU, la década del 2020-2030 será crucial, por eso habló de la década de la acción climática, entonces en el 2019, llamó a los gobiernos para que asumieran el fenómeno climático con mayor ambición, solidaridad y urgencia, precisamente en ese año, advertía Guterres que no había suficiente voluntad política para avanzar hacia el logro de los objetivos climáticos. (9)
Y con respecto al informe presentado en el 2022 por el Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático presentado este año, Guterres afirmó que el mismo es un “expediente de la vergüenza” y destacó que el mismo evidencia que vamos por la vía rápida hacia el “desastre climático” y un “mundo invivible”. (10)
Cuando se aprobó el Acuerdo de París, algunas criticas realizadas reconocían que era un acuerdo histórico, valoraban el reconocimiento de la urgencia de tomar acciones frente al fenómeno climático y su contenido ambicioso, pero alertaban que todo ese esfuerzo quedaba condicionado a la voluntad de los gobiernos de cada país.
A 50 años de la I Convención de Naciones Unidas sobre el Medio Humano que precisamente llevó el problema ambiental a la agenda política global, la pandemia de Covid-19 y sus efectos, la crisis energética y la guerra de Ucrania ponen a prueba esa voluntad política que ha sido débil a lo largo de los años, como se puede apreciar en una revisión de noticias sobre la materia y ello advierte que la emergencia climática podría agravarse si la sociedad en general permite, por indiferencia e inacción, que quienes deben tomar decisiones en esta materia se distraigan o se desvíen como consecuencia de la guerra.
De hecho, importante destacar, que para el informe The Global Risk 2022, del Foro Económico Mundial, entre los 10 principales riesgos, el fracasar en los objetivos climáticos encabeza esa lista según la priorización que se hizo de la opinión de los participantes de es estudio global.
En ese contexto, encuentro que es muy apropiado y oportuno, mirar la guerra no sólo como una gran tragedia humana, sino también como un potenciador de la crisis climática, tal y como nos la presenta el profesor de la Universidad Javeriana de Colombia y experto en materia climática, Camilo Prieto, en febrero 2022 cuando advertía que si los países europeos buscaban en el carbón la solución a la crisis energética, las metas climáticas serían imposible de cumplir. (11)
Se nos habla desde los medios de comunicación de la débil voluntad política en términos generales a nivel global, pero también, se nos plantea de forma reiterativa, si se quiere, que las metas previstas son difíciles de alcanzar incluso antes de la guerra de Ucrania, lo que no desconoce que hayan logros importantes y que hayan países que han avanzado en esa materia.
Pero es que ahora, además de ese elemento político y de la ambición en las metas del Acuerdo de Paris, se presenta un elemento que puede agravar la emergencia climática, y es la llamada crisis energética, pues la misma obliga a muchos países a mirar hacia las energías fósiles como alternativa para enfrentar de inmediato el invierno del 2022 en un contexto energético muy complejo particularmente en Europa.
Recordemos que en la COP26 en Glasgow, en cuyo marco se acordó reducir los combustibles fósiles y principalmente el uso del carbón, que es el más contaminante y que es precisamente el combustible al cual están mirando muchos países europeos para enfrentar la crisis. Por lo tanto, en este contexto global complejo que vivimos como efecto de la guerra en Ucrania, Rusia pone a prueba a Europa en cuanto a su compromiso con la descarbonización.
Pero, adicional a la realidad energética, encuentro otro elemento sobre el cual poco se habla y que tiene que ver con la dinámica militar, pues si en tiempo de paz, algunos estudios que citaré más adelante, demuestran que este sector es uno de los que más contribuye en la emisión de gases, es lógico pensar, es más es casi que sentido común, que en tiempos de guerra cuando aumenta la actividad militar, la misma podría genera más emisiones de gases y con ello agravar la emergencia climática.
Ese aspecto de la relación sector militar y efecto en el cambio climático es un tema complejo, que mucha veces se subestima porque no resulta fácil percibirlo desde la dinámica cotidiana de la ciudadanía en general, pero no es posible ignorarlo o ser indiferente ante esa realidad, pues incluso el mismo sector militar de manera expresa ha reconocido que deben ser parte de la estrategia global para reducir la emisión de gases de efecto invernadero.
¿En dónde estamos y qué tanto la guerra realmente impactará la lucha contra el cambio climático si ya veníamos escuchando alertas sobre la dificultad de alcanzar los objetivos previstos?, una pregunta que requiere de un debate amplio, en palabras que no se limiten a lo científico y frente a una sociedad, principalmente la europea y particularmente la española, que según estudios de consultora Ipsos y BBVA por ejemplo, demuestran que están significativamente sensibles y conscientes de los problemas ambientales y sociales.
Por lo pronto, en Europa los gobiernos se preparan para el invierno 2022 en un contexto de crisis energética y en función a esa realidad, han logrado un acuerdo entre los ministros de energía de los Estados Miembros a través del cual buscan enfrentar lo que Von der Leyen ha llamado como el chantaje energético de Putin y que se traduce en la poca fiabilidad que genera la entrega de gas a Europa vía NordStream1.
Creo que como sociedad comprendemos en gran medida la complejidad del momento, y nuestra gran responsabilidad es identificar las distintas formas que tenemos para contribuir a que la guerra no nos distraiga a todos de la emergencia climática, en ello, hay que recordar una y otra vez, que las autoridades políticas y las organizaciones de la sociedad civil están llamadas a asumir una importante labor en la tarea de informar, divulgar y promover el mayor dialogo posible entre todos para entender mejor en dónde estamos, los riesgos que enfrentamos y la necesidad de actuar todos responsablemente frente a los desafíos del presente.

Sobre la emisión de gases en el mundo militar

El director de Scientists for Global Responsability (SGR), Stuart Parkinson, destaca el aumento de emisiones de CO2 por parte de los ejercistos ruso y ucraniano, además, recuerda que Rusia es uno de los países del mundo que más gasta en industria militar.
SGR se presenta en su página web como una organización británica que reúne a científicos, arquitectos e ingenieros en el compromiso o la misión de hacer de la práctica y uso de la ciencia, el diseño y la tecnología algo ético y responsable. (12)
Doug Weir de CEOBS, nos dice que el impacto de los conflictos en las emisiones es un tema complejo y poco estudiado, pero hay varios estudios disponibles en la web que permiten acercarnos a conocer un poco más sobre la relación del sector militar y la crisis climática, en los cuales, podemos comprender mejor el papel del sector militar en la reducción de la emisión de gases.
Uno de esos estudios, corresponde al Centro de Estudios por la Paz, J.M Delás (13), que según su página web es una entidad independiente de análisis de paz, seguridad, defensa y armamentismo dedicada a realizar investigación e incidencia política y social bajo el prisma de la cultura de paz, sobre los efectos negativos del militarismo y los conflictos armados (14).
Esta fundación nos presenta al sistema militar como uno de los grandes contribuyentes de emisiones y calentamiento global, y en consecuencia en uno de sus informes, publicado en el 2021, y cuya versión en español se titula: Militarismo y Crisis Ambiental. Una reflexión necesaria. nos dice que “no se puede hablar de crisis ambiental sin tener en cuenta el gasto militar y el militarismo”. (15)
Entre los datos que aporta el estudio, nos dice que el conjunto de países exportadores de armas representa el 35,48% de la población mundial, los cuales concentran el 82% del gasto militar global y es responsable de las dos terceras partes de las emisiones mundiales de CO2 (16); así mismo se estima que las emisiones de CO2 de los ejércitos de todo el mundo se ubica entre un 5 y 6 % del total de emisiones de carbono (17).
En el caso europeo, las organizaciones CEOBS y SGR, publicaron también en el año 2021 un estudio titulado en inglés: Under the radar: the carbon footprint of Europe´s military sectors (18), en el cual se estima que de manera conservadora, las emisiones de las fuerzas armadas europeas son de 24,8 millones de toneladas de CO2, que equivaldría a las emisiones generadas anualmente por unos 14 millones de automóviles.
En el caso de USA, un reportaje publicado por CEOBS (19) en su portal web, nos dice que en el año 2018, sólo su sector militar registró una emisión de gases muy superior al total de las emisiones registradas por 53 países.
Stuart Parkison (20) de SGR, aporta una comparación que nos permite imaginarnos el impacto de la guerra en la emisión de gases, y en tal sentido, nos dice que si se compara un coche nuevo en Europa con un tanque y avión de combate, el primero tiene una media de emisiones de 108 gramos de CO2 por kilómetro y los otros dos son 65 y 75 veces más contaminante que el primero.
Esa realidad, ha llevado a que el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg (21), reconozca públicamente en una de sus declaraciones, que la neutralidad climática o net zero, resultará imposible alcanzar sin incluir en la emisión de gases del sector militar y que como afirma el reportaje de CEOBS, históricamente han sido excluidos de los compromisos globales por reducir la emisión de gases.
En la reciente reunión de la OTAN en Madrid, Stoltenberg22, reiteró el compromiso de todos los aliados de la OTAN en reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero como parte del acuerdo de Paris, a través de mayor tecnología verde, combustibles sintéticos respetuosos con el clima y soluciones más eficientes desde el punto de vista energético, pero reconoció que ese desafío aún cuando no es fácil, se puede hacer.
Pero como advierte CEOBS, el compromiso resulta importante, pero sin la posibilidad de acceder a los registros de las emisiones, resulta imposible monitorear si hay avances y por lo tanto, no es posible valorar ese compromiso y su impacto real.
Pero no sólo en el sector militar se potenciará la emisión de gases que impactará negativamente en la lucha contra el cambio climático, sino que también, la crisis energética principalmente que experimenta Europa pone en riesgo esos avances en materia climática.

Sobre la crisis energética y la emisión de gases de efecto invernadero

El mundo se ha dado cuenta que es necesario aumentar la capacidad de las energías renovables lo más rápido posible, pues “la guerra está dejando muy claro que si quieres controlar tú propio destino, es mejor priorizar las renovables y acabar con la dependencia de los combustibles fósiles, esta afirmación corresponde a Matthias Buck, director para Europa de Agora Energiewenden, grupo de reflexión que se centra en la transición energética. (23)
Pero ese aumento de capacidad no se decreta y se activa de inmediato, toma tiempo, en consecuencia, los países Europeos se están viendo obligados en lo inmediato a mirar nuevamente hacia la energía fósil como alternativa para enfrentar la crisis energética que se ha potenciado a raíz de la conflicto en Ucrania y por supuesto del gobierno de Rusia.
Para Pablo Rivas en un artículo publicado en El Salto, advierte que no está claro aún si crisis energética derivada de la suma de las consecuencias de la pandemia de covid-19, la crisis del gas y la guerra de Ucrania servirá para acelerar los planes de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o, por el contrario, reforzará la industria fósil, espacialmente impulsando al gas natural siempre que llegue desde cualquier parte del planeta.” (24)
Para el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en marzo 2022 en Madrid, advirtieron que la inestabilidad geopolítica frena los avances en la descarbonización, y a tal fin destacan cómo Alemania, referencia en descarbonización ha tenido que pensar en el carbón para poder enfrentar los efectos inmediatos de la situación energética.
Precisamente, en ese sentido, el Periódico de la Energía (25), en un reportaje publicado el 15 de julio, hace una revisión de cómo los países han tenido que replantear su política frente al carbón, en tal sentido, se menciona a Alemania, cuyo gobierno decidió reactivar las centrales de carbón en la reserva y prolongar el funcionamiento de las que debían desconectarse este año, pero advirtiendo que son medidas temporales que no cambian su política de abandonar el carbón para el 2030.
En el caso italiano, se anunció que se incrementaría las compras de carbón y se usarían las centrales abiertas para aumentar la producción a partir de agosto de cara al invierno y paliar el aumento de precios, particularmente de la electricidad, una medida que se anunció durará 2 años.
Polonia por su parte ha decidido aumentar la extrácción doméstica de carbón, y según euronews, Austria se prepara para reabrir la central térmica de carbón de Mellach, al sur del país; su director Christof Kurzmann-Friedl, reconoce que ante la ausencia de la misma certeza que siempre se ha tenido sobre el flujo del gas en Europa, el carbón representa una posibilidad en concreto para reducir el consumo de gas. (26)
La decisión por reaperturar las centrales de carbón, unen a Alemania y Francia, pero logra rechazo de 13 Estados de la Unión Europea, según nota de prensa El Español (27), que además recuerda, que tal situación tendría como consecuencia aumento de las emisiones del CO2. Y en ese contexto, António Guterres, Secretario General de la ONU, recuerda a los gobiernos de Europa, que “coquetean con la idea de reabrir sus centrales térmicas que ´el carbón es el principal enemigo de la lucha climática´” (28)
Para la Agencia Internacional de la Energía (AIE) (29) “lo peor de la crisis energética puede estar por llegar”, una crisis que según artículo firmado por Daniel Yerguin en El Economista (30), puede resultar igual o peor que la que se vivió en la década de 1970, en donde el petróleo era el único protagonista a diferencia de esta crisis donde participan el gas natural, el carbón e incluso el ciclo de combustible nuclear.
Por su parte para el Comité Europeo de las Regiones, alerta que la crisis energética ha empeorado y la presidenta de la Comisión de Medio Ambiente, Cambio Climático y Energía (ENVE), Kata Tüttö, afirma que en las ciudades se percibe el impacto de la realidad energética, pues hay “hogares y empresas de nuestras ciudades y regiones que se ven obligados a reducir o eliminar su consumo energético. El aumento de los precios de la energía y las interrupciones del suministro ya están afectando nuestras economías con el riesgo de una crisis social.” (31)
Importante señalar que ese Comité es un órgano consultivo de la UE, integrado por representantes elegidos en escala local y regional de los Estados miembros de la UE y a través del cual pueden dar a conocer su opinión sobre la legislación de la UE que repercute directamente en las regiones y ciudades y se encuentra coordinado por la Comisión de Medio Ambiente, Cambio Climático y Energía (ENVE).
Esta declaración resulta importante porque la crisis energética que se potencia con la crisis en Ucrania, nos recuerda el papel de las ciudades y las regiones para enfrentar esta grave crisis que hoy enfrentamos como sociedad y que se agrava con los efectos de la guerra, principalmente en lo que respecta a la emisión de gases de efecto invernadero.

 ¿Y qué podemos hacer?

Vivimos tiempos complejos que para el Secretario General de la ONU puede calificarse como una “tormenta perfecta” (32) y para el Foro Económico Mundial en su informe titulado: The Global Risk 2022, son tiempos que nos ubica en un “contexto global turbulento”.
Específicamente con respecto a la acción climática, el Informe del Foro Económico Mundial nos advierte que los efectos económicos que ha dejado la crisis de la pandemia covid-19, así como la débil cohesión social que afecta a países tanto desarrollados como en desarrollo, amenazan la capacidad financiera y política para acelerar las acciones en materia climática.
El estudio de percepción realizado para el Global Risk 2022 (33), destaca que a mediano y lago plazo, se percibe el fracaso de la acción climática como la amenaza más crítica para el mundo por el daño severo que genera a la sociedad, a la economía y al planeta, esta encuesta realizada antes de la COP26, creo que permite afirmar, que ese riesgo que los participantes de la encuesta perciben como el primero de los 10 riesgos que enfrentamos como sociedad en la actualidad.
Veamos cuáles son esos 10 riesgos que se registraron en el informe The Global Risk 2022 según el orden de prioridades determinado por los participantes de la encuesta realizada a nivel global, esos riesgos son:
  1. El fracaso para lograr alcanzar objetivos climáticos.
  2. Fenómenos climáticos extremos.
  3. Pérdida de la biodiversidad.
  4. Erosión de la cohesión social.
  5. Crisis en los medios de subsistencia.
  6. Enfermedades infecciosas.
  7. Daños ambientales provocados por los seres humanos.
  8. Crisis de recursos naturales.
  9. Crisis de la deuda pública de países.
  10. Crisis por conflicto geopolítico.
Como se puede apreciar 5 de los 10 riesgos tienen que ver con el ambiente y uno de ellos, merece especial atención, me refiero a la erosión de la cohesión social, pues supone, según el informe una inequidad que se amplía o profundiza en materia económica, política, tecnológica e intergeneracional, que nos amenaza en convertirnos en una sociedad mucho más desconfiada, con una falta de empatía y mayor exclusión de colectivos.
Destaco el tema cohesión social, porque encuentro allí la posibilidad de abordar los desafíos que nos impone la guerra y el post covid-19, a través de un esfuerzo compartido para preservarla y que resulta más efectiva si el mismo conecta a las autoridades locales con la ciudadanía en general.
El riesgo que la guerra desvíe o nos distraiga del problema del fenómeno climático, encuentra particularmente en Europa a una sociedad muy sensible y más consciente en términos generales, sobre los efectos del cambio climático, lo que no significa que estén más involucrados en las acciones para frenar o enfrentar esos efectos.
Según el último estudio de IPSOS (34) sobre la percepción en materia climática, publicada en el 2022 nos dice que el 48% de los encuestados expresa preocupación sobre el cambio climático, problema que sólo es superado por la salud, la guerra o el terrorismo, la pandemia y la educación; el estudio destaca que en Europa Italia y España, superan la media de la preocupación global en materia climática, para Italia la preocupación registró un 69% y en España un 54%, ubicándose entre los 10 primeros países del mundo que registra mayor preocupación por el cambio climático.
Cuando el estudio se pregunta qué tan preocupados están por el impacto del cambio climático en sus respectivos países, Italia registra 79% de los encuestados y España el 77%, siendo el promedio global de mucha preocupación por los efectos en sus propios países un 69%.
En el caso particular de España, oportuno es recordar que la Fundación BBVA, en un estudio titulado Valores, actitudes y conducta medioambiental de los españoles (35), concluía que la preocupación por los problemas ambientales a nivel global y local son muy altos en España, y específicamente el problema del cambio climático es percibido en este estudio por el 85% de los encuestados como uno de los 5 problemas más graves en esta materia.
Por lo tanto esta realidad, advierte que en estos tiempos “turbulentos” o de “tormenta perfecta”, hay un capital humano en Europa y particularmente en España suficientemente sensible como para ser involucrados en acciones para evitar que la guerra frene el recorrido hacia los objetivos climáticos previstos, entendiendo que en materia de emisión de gases de efecto invernadero hay una real amenaza compleja de enfrentar a nivel global, pero no imposible de abordarla desde nuestras ciudades y desde nuestra propia comunidad.
Hay que preguntarnos ¿cómo podemos involucrarnos y qué oportunidades tenemos de hacerlo en nuestra ciudad para evitar que la guerra nos distraiga del fenómeno climático?.
Ahora que las Naciones Unidas mediante una Resolución, logró adoptar con el voto de 161 países, 8 abstenciones, entre ellas Rusia y China, pero sin ningún voto en contra, el reconocimiento al medio ambiente sano y limpio como un Derecho Humano Universal, creo que la sociedad civil cuenta con un elemento cualitativo importante que alimenta nuestra responsabilidad cívica de participar para reclamar que la guerra no nos distraiga o desvíe del problema climático.
En el pasado reciente, varias ciudades de España lograron diseñar sus propias acciones para la recuperación económica post covid con la participación efectiva de la ciudadanía; pues ahora, cada ciudad tiene el deber de informar a sus ciudadanos sobre las medidas que deberán adoptar para enfrentar no sólo la inflación y su impacto en el presupuesto local, sino también, para no desviar su compromiso con la lucha contra el cambio climático y en ese contexto, su compromiso con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Las organizaciones de la sociedad civil que se dedican al tema ambiental tienen la gran responsabilidad de estar allí recordando y monitoreando que la guerra no sirva de excusa para frenar las tareas pendientes, pero también, tienen la responsabilidad, que puede ser compartida con las instituciones públicas, de promover el entendimiento de la ciudadanía sobre los efectos de la guerra más allá del aspecto económico y de la tragedia humana que supone la pérdida de vidas y de identificar las acciones viables para ser parte de la solución y no del problema.
Tanto frente a la realidad energética, como en materia de reducción de emisión de gases, hay acciones concretas en las cuales nuestras ciudades pueden avanzar y la ciudadanía involucrarse, principalmente desde la dimensión del consumidor, al respecto mucha información aportan distintas organizaciones que dedican su misión a los temas ambientales y/o al fenómeno climático.
En materia militar, la situación es más compleja, porque sin duda ese es un entorno más alejado a nuestra cotidianidad y conocimiento, en ese sentido, desde la sociedad civil, sólo podemos unir nuestras voces a la exigencia permanente que así como se nos exige sacrificios y cambios en nuestra cotidianidad, el sector militar también demuestren que están conscientes que para enfrentar este desafío nos necesitamos todos.
En tiempos de crisis ese “pegamento invisible” que mantiene unida a la sociedad se debilita, identifiquemos qué es lo que nos mantiene unidos, qué es lo que nos ayuda a preservar esa unión e intentemos contribuir a preservarla lo mejor posible en estos tiempos tan turbulentos; como individuos estamos llamados a contribuir en esa labor desde nuestra comunidad, con el sector privado y de la mano con los gobiernos locales y regionales.
Nos necesitamos todos, para evitar que la guerra nos distraiga del fenómeno climático, potenciándolo.
Para terminar quiero recordar las primeras líneas de la Declaración de la Conferencia sobre el Medio Humano de 1972 que somos «obra y también artífices del medio que nos rodea, el cual nos da sustento, material y nos brinda la oportunidad de desarrollarnos intelectual, moral, social y espiritualmente»; quizá ya hemos estado muy distraídos entre creer o no creer en el fenómeno climático, que la guerra no la potencie, somos artífices del medio que nos rodea, no lo olvidemos.
Carlos Romero Mendoza.
@carome31.
Acerca de Carlos Romero 84 artículos
Director de Asociación Civil Eccos de Paz. Estudioso e investigador de temas locales y de participación ciudadana, con experiencia en docencia universitaria y autor de varios libros y artículos sobre institucionalidad local.