A principios de esta semana, fue investido por las Cortes de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco como presidente de dicha Comunidad Autónoma con el respaldo de Juan García Gallardo y el partido que representa, VOX.

Lo sucedido en Castilla y León es un punto de  inflexión en la política española, ya que, a pesar de ser el tercer partido político a nivel nacional, es la primera vez que los de Santiago Abascal entran en un gobierno formalmente.

Dicha entrada en el gobierno autonómico, ha desatado la ira -más bien el temor- de toda la izquierda española.

Miedo del PSOE, UP, BILDU, ERC y demás, que cada día que pasa se ven con más posibilidades de salir del poder nacional. Miedo de Ciudadanos, que se sabe condenado por sus malas decisiones e, incluso, miedo de un sector del PP, que busca agradar y compatibilizar con el PSOE, no importa cómo, no importa cuándo.

Pero lo realmente importante, es la oportunidad que se le da a España de tener un gobierno de derecha.

VOX llega con fuerza, ya lo dijo Santiago Abascal durante la campaña, cuando pidió a los castellano leoneses que no votaran a su partido si esperaban que regalara luego los votos al PP, y cumplió. La negociación fue fuerte, pero se hizo respetar la decisión y la voluntad de los ciudadanos.

Ahora, con la titularidad de las carteras de Industria, Cultura-Turismo y Agricultura, VOX tiene la oportunidad; y más aún, la responsabilidad, de demostrar que vienen a sacar a España de este precipicio de demagogia, retroceso y quiebra en la que está sumida gracias a la coalición del chavismo español con la llegada de Pedro Sánchez al poder.

Es necesario legislar para dar mejores condiciones a los agricultores; para acabar con las subvenciones de chiringüitos ideológicos que viven a costa de los impuestos de todos, y para potenciar un motor industrial que junto a la agricultura y el turismo, ayuden aún más, al desarrollo económico de Castilla y León y de España.

Es una responsabilidad mayúscula, ya que siendo un partido político atacado por todos los demás, debe demostrar a la sociedad que puede implementar su programa y hacer viable un gobierno, con un socio, con el que aún manteniendo diferencias, puede ser replicado a nivel nacional. Este es el verdadero miedo de los chavistas, veletas y demás representantes del clientelismo político español.

Son tiempos difíciles para España y el mundo en general, y por eso mismo, son tiempos de definiciones, voluntad y templanza. Tiempos en los que nos jugamos el futuro y la posibilidad de enrumbar a España nuevamente a una senda de crecimiento y prosperidad, en la que todos los que quieran sumar mediante el trabajo sean bienvenidos.

Los ciudadanos, entre la responsabilidad y el engaño político