El regreso a lo que realmente importa

política
El reconocer la polítca en todos nuestros espacios

La semana pasada, les comentaba que me gustaría empezar a escribir una serie de artículos en las que daría mi visión y mi punto de vista sobre la política en general, entendiéndola como ese ámbito donde se dan luchas entre distintos actores y a distintos niveles para poder hacerse con el poder político y así, tener la capacidad para organizar y controlar a la sociedad en función de un deber ser o una visión que los ciudadanos ya deberíamos conocer previamente.

Pues bien, para poder comenzar debo enmarcar y organizar de alguna manera los temas sobre los que quiero opinar, y para esto, voy a tomarme el atrevimiento de reflexionar sobre algunos de los puntos planteados por su santidad, el papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti”.

Aproximadamente a principios de octubre del año pasado, recuerdo haber asistido a misa como todos los domingos en los que tengo oportunidad; y mientras escuchaba el sermón, me detuve a observar a dos grupos de niños -eran grupos de catequesis- que habían asistido ese día a la misa porque se estaban preparando para realizar la primera comunión; por un momento, recordé cuando a mis compañeros de colegio y a mí nos prepararon para la misma ocasión; lo cierto es, que mientras veía a los pequeñajos, pude escuchar a lo lejos al padre hablar sobre esta encíclica.

Dicha encíclica podría traducirse como “hermanos todos” o “fraternos todos” y la había escrito el Papa para hacer referencia a la necesidad de observar las enseñanzas del amor y la fraternidad dentro de la sociedad.

De la forma en que yo lo veo, es una voz potente que refuerza el llamado de todos los componentes de la sociedad, sobre todo el político, para retomar el camino de la vocación de servicio, de lo que realmente importa, de nuestra misión de vida y razón de ser que no es otra que el ser humano y la capacidad de vivir y prosperar en armonía.

Considero que los puntos más interesantes del primer capítulo son los puntos que hablan, por ejemplo, de la globalización, donde se plantea que ésta, se ha convertido casi exclusivamente en una globalización económica, donde se han acercado solamente los países y las economías de los países ricos y más poderosos.

Por el contrario, los países pobres y sus culturas no sólo no ven un acercamiento con otros países y realidades que puedan enriquecer su vida de alguna manera, sino que deben ver cómo sus culturas se diluyen, en un nuevo modelo cultural instrumentalizado por grandes corporaciones.

Esto lleva a que se dé una deconstrucción del pasado; la negación de la historia, que vendría siendo la negación de la realidad debilita a las sociedades, el daño que se les causa a las personas y a los países es devastador.

Lamentablemente, vemos con mayor asiduidad cómo no sólo las corporaciones intentan establecer una cultura de consumo por encima de todo, sino cómo el estamento político de muchos países permite que un bando cambie o pretenda cambiar la historia o negar el pasado de su país, cambiar o eliminar un determinado momento histórico, sólo porque conviene a los intereses de un partido o grupo de partidos en el poder.

No es necesario ir demasiado lejos, tenemos casos aquí mismo en España y en Venezuela, al igual que en casi cualquier país en el que podamos pensar. En España, la retirada de las estatuas de Franco o el cambio de nombre de calles o plazas de personajes de la historia española pertenecientes al franquismo o al bando republicano es un ejemplo de esto.

Ninguna guerra es buena, ninguna dictadura es buena y por supuesto, ningún asesinado, muerto o torturado duele más que otro.

En Venezuela también hay ejemplos; con el afán de crear un discurso político acorde con sus ambiciones personales, Chávez y los suyos empezaron a manipular la historia, a cambiar nombres y símbolos por igual, modificando y cambiando así, la percepción de la realidad y sobre todo, la identidad colectiva de las personas, negar la historia y la realidad que nos une, que nos da sentido como un todo es el intento superior de quitarle el arraigo y el sentido de pertenencia a una sociedad, y que sólo busca, dentro de esa opacidad, el control y sumisión de los ciudadanos ante una nueva realidad ajustada al discurso y a la conveniencia de turno.

La realidad; guste o no, es la realidad, y la historia debe ser un reflejo lo más fiel posible del pasado, conocer esa realidad es la única forma de comprender el presente, de conocer y entender los errores y los fracasos, así como los aciertos y las victorias de un país; y así, evitar repetir las decisiones equivocadas y enfocarnos en repetir y mejorar las decisiones y experiencias que nos llevaron a crecer y a superarnos como país.

Nuestro problema, como sociedad, o, mejor dicho, como seres humanos, es que nos dejamos llevar por los intereses de unos pocos que, aún siendo quienes tienen la obligación, moral de conducir los destinos de los países para que alcancen los mayores niveles posibles de progreso, desarrollo y bienestar, sólo piensan en buscar la forma de dividir, de conseguir y mantener el conflicto, la crispación, la polarización para satisfacer intereses particulares.

No es necesario que mencione ningún ejemplo, cualquiera que lea este artículo puede encontrar ejemplos de sobra en el país en el que se encuentre; pero ¿por qué buscar la división y la confrontación?

Todos tratan de ser más elocuentes que el adversario, de tener la mejor foto y la palabra precisa para el momento indicado; pero al final ya sabemos que, de lo dicho a lo hecho, hay mucho trecho.

La división y la confrontación se buscan, porque parece que esto es más entretenido y, sobre todo, más fácil que buscar ideas y desarrollar propuestas que puedan servir para mejorar la calidad de vida de las personas.

La confrontación busca mantener un “statu quo” que no ayuda y no sirve a nadie más allá de aquellos que lo promueven, es necesario que nos demos cuenta de esto.

La confrontación que vivimos hoy en día es una confrontación que busca crear los bandos de los que hablaba la semana pasada, esos bandos de bueno y malo que sólo dividen a la sociedad.

En lugar de debatir las ideas de unos y otros, en lugar de proponer y buscar soluciones más completas y potentes entre todos, vemos que muchas veces, lo que se busca es silenciar, tapar e incluso negar al otro y a sus ideas.

Por supuesto me refiero a los partidos políticos, líderes y a los ciudadanos en general que cumplen las leyes, que respetan el estado de derecho y a las instituciones, sin agendas ocultas; a los demás, hay que hacerles frente con la ley, con la fuerza de la constitución de cada país y de las instituciones que sobre sus leyes se asientan, leyes que deben ser obedecidas y protegidas por todos sin excepción, ya que son la garantía de un futuro seguro y próspero para todos.

Y aunque todo este tema de cumplir las leyes, de respetar las instituciones, de lograr unión y consenso más allá de las diferencias normales que se dan dentro de la política, pueda sonar a discurso repetido, vacío y trillado no lo es; es de hecho, un tema fundamental, sumamente complejo y difícil de llevar a cabo, sencillamente porque para que se cumplan estas expectativas es necesario que cambien o los partidos, o los líderes, o algunas reglas del estamento político -o todas las anteriores-.

Por eso ha sido, es y seguirá siendo complicado, porque no hemos mirado hacia donde hay que mirar; o, mejor dicho, nos han desviado la mirada del foco central donde se encuentra la raíz de la solución.

Piense por ejemplo en alguna crisis o situación traumática cualquiera, de esas que afectan el futuro y el bienestar de un país por completo como por ejemplo el desempleo, los sueldos de chiste, la educación o la sanidad; ahora, piense en cómo están esos problemas hoy en día ¿no son o no representan un problema en su país? ¿los han solucionado? O por lo menos ¿están trabajando para solucionarlos?

Los invito a pensar y a reflexionar sobre el asunto, porque es de lo que va a tratar mi artículo de la semana que viene y sería gratificante poder contar con sus comentarios y opiniones al respecto.

La política más allá de las ideologías

Daniel Lema Rincón
Acerca de Daniel Lema Rincón 26 artículos
Politólogo, Master Seguridad y Defensa y en Adm. Pública. Gabinetes Estratégicos, Seg. Ciudadana y Campañas Electorales. Siempre me ha motivado ayudar a aquellas personas que lo necesitan, por eso, mi vocación me llevó al servicio público a través de la política; primero en España, luego en Venezuela.