¿Cuánta energía se ahorra limitando el aire acondicionado a 27 grados?

Desde este miércoles, espacios públicos como oficinas, locales comerciales, hoteles o estaciones tienen que limitar la temperatura, una medida que ha provocado debate entre diferentes sectores y que forma parte del plan de ahorro energético del Gobierno para cumplir con su compromiso con Bruselas: reducir en un 7% el consumo de energía del país.

En este plan, en el que se incluyen muchas más medidas, la calefacción y el aire acondicionado se han convertido en uno de los puntos claves por su relevancia dentro del mercado energético. Analizamos la efectividad de limitar el termostato y por qué los expertos recomiendan hacerlo.

¿Cuánta energía ahorramos regulando la calefacción?

Para tener una idea del volumen de demanda, solo la calefacción supuso en 2021 el 50% del consumo final de energía a nivel global, según la ONU. En la Unión Europea, Eurostat señala que fue un 62,8% del consumo a nivel residencial, mientras que en España los hogares consumieron el 47% de la energía para el mismo motivo, de acuerdo con los datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).

Ante este alto volumen de demanda, las estimaciones de expertos e instituciones como la Comisión Europea, la ONU o la Agencia Internacional de la Energía coinciden: se puede reducir en torno al 7% el consumo individual con tan solo bajar un grado el termostato. Algo que ha tomado en cuenta el Gobierno de España, que ha establecido que hasta noviembre de 2023 los establecimientos y lugares públicos no podrán superar los 19 grados en invierno, salvo excepciones.

En verano, por otro lado, la situación es diferente. El Gobierno ha decretado que no se ponga el termostato por debajo de los 27 grados, una decisión que ha recibido diversidad de críticas, especialmente en plena consecución de olas de calor en Europa. Algunos expertos señalan que se trata de una medida «más eficiente en invierno que en verano», ya sea por el tipo de consumo como por el rendimiento de la tecnología.

El aire acondicionado, un consumo indirecto del gas

Y es que el uso del aire acondicionado en verano, teniendo en cuenta todas las etapas de producción de energía, «no influye más allá de un 22% sobre el gas», según señaló el profesor de Ingeniería Energética de la Universidad de Comillas José Ignacio Linares en RNE. Así lo demuestran los datos de IDAE: el aire acondicionado emplea principalmente energía eléctrica y apenas aparece vinculado al consumo directo de gas. La UE, por su parte, solo utilizó el 0,4% en 2020.

Sin embargo, los sistemas de refrigeración están relacionados con fuentes energéticas como el de ciclo combinado, que sí utiliza el gas en el proceso de producción y es uno de los más demandados en España. Según Red Eléctrica, solo en julio de 2022 se consumieron 8.710 GWh, por delante de la energía nuclear (5.074 GWh) o la eólica (4.328 GWh).

Desde la Asociación de Fabricantes de Equipos de Climatización sí valoran positivamente la limitación del aire acondicionado. «Son medidas que suponen un esfuerzo, pero viables, y que suponen un ahorro de energía, cuya cuantificación depende del tipo de local, la eficiencia de los equipos y de la instalación, y su regulación y control», dicen. Además, estiman que pueden alcanzarse porcentajes de ahorro similares al de la calefacción.

Javier del Olmo, consultor energético en AEE soluciones, comparte la opinión de que el ahorro realmente depende de diversos factores, como el salto térmico al que se tienen que enfrentar los aparatos –no es lo mismo estar a 30 grados que a 40–, pero subraya que se puede llegar incluso a superar el 7% de ahorro energético con otras acciones. «Si cambiamos una máquina vieja por una con más rendimiento, puede suponer hasta un 30% de ahorro».

Linares, por su parte, coincide en que cada kilovatio contabiliza y, en su opinión, estas normativas permiten «crear conciencia» ante el derroche.

 

Otros argumentos: la factura de la luz y la transición ecológica

En un contexto marcado por la guerra de Ucrania y con la amenaza de un corte en el suministro de gas natural ruso, la Unión Europea se encuentra ante una crisis a nivel energético que podría complicar la economía y la estabilidad de los próximos meses.

Sin embargo, tener o no tener gas no son las únicas razones por las que se invita a reducir el gasto. Pese a que Rusia es el principal proveedor de gas natural licuado al mercado comunitario y copa el 40% del suministro, España a priori sufre menos riesgos de desabastecimiento, ya que sus principales proveedores actualmente son Argelia y Estados Unidos.

Más afectada se está viendo en los últimos meses por las tarifas eléctricas, que siguen marcando precios récord. La factura de julio ha sido una de las más caras para los hogares y ha alcanzado 115 euros de media, un 60% más cara que hace un año para los clientes de tarifa regulada.

Muchos ciudadanos están sufriendo una pobreza energética que les impide hacer uso del aire acondicionado o la calefacción, con los consecuentes riesgos para la salud. Así, muchos consumidores están tratando de aplicar las recomendaciones energéticas para poder pagar las facturas.

Sin embargo, Del Olmo explica que a nivel residencial es difícil asegurar que pueda haber un cambio relevante en la factura y recuerda que en el precio final intervienen más aspectos aparte del consumo, como la potencia contratada o los impuestos que se están aplicando al gas, «que están sumando unos céntimos».

«En una casa que gasta 100 euros al mes, poner la temperatura más alta de lo normal tiene poquito impacto en la factura». En cambio, en otros espacios como los centros comerciales, que suelen tener techos altos y que utilizan grandes chorros de aire que mueven el aire caliente hacia arriba, la reducción puede suponer un ahorro económico mayor.