COP28: Eliminar los combustibles fósiles o más financiación climática

Mientras que la Unión Europea empujará hacia un texto más contundente en cuanto a la eliminación de los combustibles fósiles y hacia el objetivo de triplicar el despliegue de las renovables, los países menos desarrollados y los más vulnerables frente a la crisis climática no se irán sin mayores avances en financiación. Los productores de petróleo y gas, por su parte, intentarán rebajar el tono todo lo posible a la hora de pedir una reducción o eliminación de los hidrocarburos.

Las cumbres del clima, auspiciadas por la ONU, son uno de los pocos foros internacionales puramente multilaterales, lo que supone que, sobre el papel, vale lo mismo el voto de grandes emisores como Estados Unidos o China que el de una pequeña isla del Pacífico como Vanuatu. A su vez, los acuerdos deben salir por consenso y todos los países tienen capacidad de veto, es decir, basta con que un solo delegado se niegue para que no haya acuerdo.

Los acuerdos climáticos se complican en un contexto internacional marcado por los conflictos -primero en Ucrania y ahora en Israel y Palestina- y una mayor tensión internacional, entre grandes potencias -EE.UU., Rusia, China-, pero también entre países más y menos desarrollados.

La inesperada aprobación en el primer día de cumbre de un fondo para compensar los impactos climáticos en los países más expuestos puede servir para recuperar esta confianza perdida y servir de base para otros acuerdos al final de la cumbre.

¿Qué quieren las potencias mundiales?

Estados Unidos

Es el mayor emisor histórico y su implicación en las cumbres puede determinar su éxito -como en París, donde fue clave su pacto con China- o su fracaso -como en Copenhague-. Washington respalda el objetivo de triplicar el despliegue de las energías renovables, lo que acordó con Pekín en una reunión bilateral previa a la cumbre. Que los dos principales emisores del mundo trabajen juntos es una buena señal para sacar adelante acuerdos ambiciosos al final del encuentro, según los analistas de estas negociaciones.

El veterano enviado de EE.UU. a la cumbre, John Kerry, curtido en las COP, también ha avanzado otro de sus objetivos en esta cumbre: «El fin inmediato de nuevos permisos para nuevas plantas de generación eléctrica de carbón en todo el mundo», no solo en China, donde este combustible fósil, el más contaminante de todos, ha tenido un boom en los últimos años. Washington no apoya el objetivo europeo de acabar con «todos» los combustibles fósiles, sino que se mantiene en el lenguaje actual acordado por los países en las últimas cumbres: reducir el uso de aquellos combustibles que no cuenten con tecnología de captura y almacenamiento de carbono.

Estados Unidos volvió hace dos años a la primera línea de la diplomacia climática con la llegada de Joe Biden al poder, después de que la administración de Donald Trump sacara al país del Acuerdo de París. Desde entonces, Biden ha aprobado ambiciosos planes climáticos, como el multimillonario Inflaction Reduction Act (IRA), la mayor inversión de su historia para acelerar la transición energética.

Washington conseguirá reducir sus emisiones cerca de un 30% de aquí a 2030 respecto a niveles de 2005, según calcula el proyecto científico Climate Action Tracker, lo que le acerca a los límites marcados en París, pero el país sigue siendo el mayor exportador mundial de petróleo y gas, marcó récord de producción en 2022 y planea ampliar la extracción de combustibles fósiles en los próximos años, incluso en terrenos federales, algo que había prometido no hacer al inicio de su mandato. Biden, ocupado en el conflicto en Oriente Próximo, no estará en esta cumbre, y la delegación la encabezará su vicepresidenta, Kamala Harris.

China

El gigante asiático es desde hace años el mayor emisor del mundo -emite casi un 30% del dióxido de carbono- y muestra una doble cara en cuanto a su lucha climática. Por un lado, es el principal consumidor de carbón del mundo y sigue abriendo centrales térmicas que funcionan con este contaminante combustible, pero, por otra parte, su despliegue de las renovables no tiene parangón en otros países, concentrando el 91% del crecimiento mundial en la primera mitad del año, según el think tank Ember.

Pekín se ha comprometido a alcanzar su pico de emisiones en 2030, aunque algunos análisis recientes calculan que, debido a lo rápido que va su transición energética, podría llegar en 2025 o incluso el año que viene.

En Dubái, China se opondrá al abandono de todos los combustibles fósiles, lo que no ve «realista», e incluso también a aquellos que no tengan tecnología de captura de carbono. Intentará mantener su condición de país vulnerable y en desarrollo que se le dio en Kioto, en 1997, a pesar de que actualmente es la segunda economía mundial, para eludir ser uno de los países donantes respecto a la financiación climática.

El país es la voz más importante dentro del grupo negociador G77+China, que, a pesar de su nombre, engloba a 134 países en desarrollo. Junto a este grupo, pondrán el énfasis en que los países ricos, responsables del grueso de las emisiones históricas, avancen más en la financiación climática y cumplan con su promesa de destinar 100.000 millones de dólares al año en esta dirección, a cambio de mayores compromisos en mitigación de las emisiones por su parte.

La Unión Europea

El bloque comunitario negocia como un solo país en estas cumbres, aunque los Estados miembro también tienen peso en las negociaciones. La UE se suele presentar como el actor más ambicioso y este año propondrá «reducir paulatinamente» el uso de combustibles fósiles hasta su eliminación «total», según Teresa Ribera, la ministra española de Transición Ecológica, que este año será una de las voces del bloque comunitario en Dubái, al ostentar España la Presidencia de turno del Consejo de la UE. También apostará por triplicar el despliegue de las energías renovables y duplicar la eficiencia energética de aquí a 2030.

Los Veintisiete están casi solos en su objetivo de eliminar los combustibles fósiles sin ‘peros’. En el lenguaje de las cumbres, para alcanzar un compromiso con los países más reticentes, como China, EE.UU. o Arabia Saudí, se ha llamado a «reducir» -que no eliminar- el uso del carbón y acabar con las ayudas públicas a los combustibles fósiles «ineficientes» -y no todas las ayudas-.

Por eso, la UE quiere ir este año más allá, aunque los observadores coinciden en que será difícil, dado la oposición férrea de los países productores de hidrocarburos y el mismo hecho de que el anfitrión sea un petroestado como EAU.

Emiratos Árabes Unidos

Desde que se conoció la elección de Emiratos Árabes Unidos (EAU) como anfitrión de esta cumbre, justo al finalizar la del año pasado, no ha cesado la polémica sobre su papel. No solo por tratarse del séptimo mayor exportador de petróleo del mundo, sino también porque el presidente de la COP28, Sultan Al Jaber, es a la vez directivo de la petrolera estatal ADNOC. Una investigación de la BBC halló que este había usado la cumbre para organizar reuniones con otras potencias para tratar de expandir sus negocios fósiles, lo que este negó tajantemente.

Al Jaber se ha comprometido a trabajar para lograr un balance global «lo más ambicioso posible». Respecto al uso de combustibles fósiles, el principal punto de discordia, ha llamado a «asegurar la inclusión de su papel» en las negociaciones, y ha reivindicado la «valiente decisión» de su Presidencia de «trabajar proactivamente con las compañías de petróleo y gas», gracias a lo cual han logrado compromisos de cero emisiones en 2050 o de cero emisiones de metano para 2030.

Aunque los ecologistas son extremadamente escépticos sobre su papel para lograr un acuerdo ambicioso al final de la cumbre, Ribera ha pedido «no anticipar resultados» y cree que el hecho de que EAU sea el anfitrión puede tener una ventaja, ya que puede ser «una oportunidad para que los países productores de petróleo se muevan en la dirección correcta».

Por el momento, Al Jaber ha logrado un primer éxito en la cumbre, al sacar adelante el primer día, en tiempo récord, un acuerdo sobre uno de los objetivos principales de las negociaciones, hacer operativo el fondo de pérdidas y daños para países vulnerables, una reclamación histórica de estos Estados. Se espera que pueda empujar hacia otros acuerdos en materias de finanzas y también que pueda apoyar el objetivo de triplicar las renovables.

India

El cuarto mayor emisor del mundo (si se cuenta a la UE en conjunto) llega a Dubái con la vocación de representar al sur global. Cada vez, a medida que aumenta su población y su peso económico mundial, tiene un mayor peso en las cumbres. 

Su principal reclamación es rebajar el lenguaje sobre el carbón, su principal fuente energética, y reclamar una mayor financiación. También apoya el objetivo de triplicar las renovables, que salió adelante por primera vez en la cumbre del G-20 en Nueva Delhi, en su país, el pasado septiembre.

Brasil

El país volvió a participar en la diplomacia climática con el regreso de Lula da Silva al poder el año pasado, y se ha convertido en un ejemplo de cómo frenar la deforestación de la Amazonia tras el pésimo historial de su predecesor, Jair Bolsonaro, a este respecto.

Lula abogará en Dubái por un fondo para las tres grandes cuencas forestales del mundo (Amazonia, Congo y Borneo-Mekong), los grandes sumideros de dióxido de carbono del mundo. Sin embargo, su decisión de unirse a la OPEP justo antes de empezar la cumbre ha despertado dudas sobre su compromiso climático.