“Me encantaría llegar a ser la versión cubana de Marie Curie”

Eduardo López-Collazo, director científico del IdiPAZ.
Eduardo López-Collazo, director científico del IdiPAZ.

Eduardo LópezCollazo, director científico del IdiPAZ, admira la figura de la científica polaca desde los cinco años, sin saber que compartirían un destino común: la inmigración, la investigación y el alcanzar el reconocimiento público por los resultados de sus trabajos.

Una biografía infantil de la científica Marie Curie. Ese fue el primer libro que leyó entero Eduardo LópezCollazo. Sólo tenía cinco años, pero esas páginas marcarían el resto de su vida. “Parece una broma, pero cuando me preguntaban los adultos qué quería estudiar, yo les respondía convencido que sería: Física Nuclear”. El tiempo le daría la razón. En una Cuba sumergida en la Guerra Fría, entraría en la Universidad de la Habana para cursar Física Nuclear. No por su implicación bélica, sino por un motivo aún más profundo. “Siempre he querido descubrir lo desconocido. Fue el momento en el que comprendí que si estudiaba lo más complicado, resolver dudas en otras áreas sería mucho más sencillo”, afirma a IberoEconomía.

 

La etapa universitaria la recuerda como “una de las más idílicas de mi vida”. ¿El motivo?, el gran ambiente académico que había en su clase. “Sólo éramos 13 personas, por lo que la enseñanza era casi personalizada. Todos coincidíamos en una escasa edad, pero muchas ganas de aprender y una unión que nunca he vuelto a vivir en ningún otro lugar”. Durante años convivió en las aulas con esa docena de compañeros que, “en ningún momento intentó trepar o hacer la zancadilla a otro”. Ahora, a 25 años de haber logrado la titulación, admite que recuerda con nostalgia ese período de su vida.

 

Eduardo López-Collazo, contandonos sus claves del éxito.
Eduardo López-Collazo, contándonos sus claves del éxito.

El punto final de tan dichosa época llegaría con la caída de la Unión Soviética y el Bloque del Este. “El cambio político representó una inflexión en la financiación, por lo que comprendí de inmediato que quedarían pocas oportunidades para la investigación en el ámbito de la Física Nuclear”, apunta el actual director científico del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario La Paz (Idipaz) Así como el resto de sus compañeros, Collazo se reinventó y encontró en la Biotecnología su ‘reencuentro’ con la ciencia. Después de cursar un máster, entraría en el prestigioso Centro de Ingeniería Genética y Biotecnológica, “uno de los proyectos preferidos de Fidel Castro”.

 

Durante su estancia en el Centro tendría su primer encuentro frontal con el régimen de los Castro, lo que aceleró sus deseos de abandonar la isla. “Cuando empezamos a estudiar Filosofía en tercer año de carrera comprendí que mis ideales personales y científicos no estaban en línea con el Gobierno, así que comencé un plan para salir de Cuba que tardaría años en llegar”. En efecto, pasaron más de cinco años hasta que un programa de intercambio con la Universidad Complutense de Madrid fue la solución que estaba esperando. “No fue fácil. Había que pasar muchas pruebas y controles. Incluso, tuve la suerte de que un candidato que tenía preferencia sobre mí fuera declinado por tener una novia en México”, explica.

 

A pesar de superar todos los controles gubernamentales, Collazo llega a Madrid con una visa C-, o lo que es igual, “un permiso para un mes improrrogable”.

 

La ciencia en la maleta

 

“No quería venir a España. Mi objetivo era Francia o Alemania, pero ahora agradezco el día en que llegué a Madrid”, apunta el investigador cubano. De España le ha enamorado “su calidad de vida, la apertura constante al debate y la recepción a la inmigración”. Un escenario que, según ha precisado, le facilitó “una rápida inserción en la sociedad, donde nunca viví una sola experiencia de racismo o xenofobia”. Al contrario, destaca que unas de las claves para su éxito fue la posibilidad de ver “las cosas positivas que hay en España y adaptarlas a mí. Ver el vaso medio lleno y preguntar qué puedo aportar yo a esta sociedad para hacerla aún mejor”.

 

Sus inicios no fueron fáciles. “Una vez en Madrid comencé a valorar otras opciones legales que me permitieran, acorde con la ley y alargar el tiempo de estancia. Tras muchos trámites y esfuerzos, logré quedarme en el que sería mi nuevo país”. Al lograr resolver su situación legal, Collazo obtuvo su doctorado en Farmacia y empieza a viajar por diversos centros de investigación en Estados Unidos y Alemania. Sin embargo, en 2001 decide volver a España. “Me di cuenta de que era español cuando, estando en el exterior, me puse a ver las Olimpiadas y apoyaba a los deportistas españoles”, confiesa entre risas.

 

Eduardo López-Collazo nos indica que uno de sus aciertos profesionales fue aceptar una beca de 800 euros.
Eduardo López-Collazo nos indica que uno de sus aciertos profesionales fue aceptar una beca de 800 euros.

“Uno de mis principales aciertos profesionales fue aceptar una beca de 800 euros en el Hospital La Paz de Madrid. No fue una decisión sencilla, ya que estaba volviendo de Estados Unidos, donde ganaba unos 5.000 euros al mes. Sin embargo, fue esa experiencia la que me permitió comenzar un proceso de investigación dentro del Sistema Nacional de Salud y muy cercano al paciente, algo que siempre había soñado”, puntualiza Collazo. Sin embargo, su éxito no radica en esta única decisión, sino que se remite “a la pasión que transmito. Para crecer hay que creérselo, ya que nadie lo hará por ti. Justamente es esa seguridad la que genera un gran atractivo entre tus compañeros y personas que te conocen”, revela.

 

Esa confianza en su talento y conocimiento es la que le hace soñar en grande. “Quiero responder, a través de la ciencia, esos secretos y misterios que aún guarda el mundo”, apunta. Hasta ahora, las grandes interrogantes que le han acompañado durante años están relacionadas con el “por qué el número Pi está presente en ámbitos tan diferentes como el macroscópico o la física de partículas”; si existe “la posibilidad de superar la velocidad de la luz”; o algunas más inquietantes como “cuándo vamos a encontrar a los otros”. No obstante, cree que antes de resolver alguna de estas cuestiones será más fácil dar con la cura contra el cáncer.

 

No es una casualidad, el director científico del IdiPAZ está trabajando en una investigación que logre explicar el proceso de la metástasis. “Algunos científicos creerán que soy un soberbio, ya que considero que las explicaciones actuales carecen de lógica o no son científicamente factibles. Entre las teorías actuales y el cuento de Caperucita Roja, me quedo con Caperucita Roja”, ha puntualizado. Los conocimientos y esfuerzos enfocados en este ámbito podrán cambiar la forma de concebir los tratamientos oncológicos, lo que abre una ventana de posibilidades para la cura de una de las enfermedades más mortíferas del mundo.

 

No sería de extrañar que, si sus investigaciones dan los frutos esperados, Eduardo López-Colazo pase a la historia como una versión cubana de la destacada Marie Curie.

  

Aunque Collazo no ha logrado conocer a su ‘heroína’ de la ciencia, sí ha tenido la oportunidad de conversar extendidamente con sus nietos: Helene Langevin-Joliot y Pierre Joliot. “Cuando vinieron a Madrid acudí a la ponencia que impartieron. Así que aproveché para comentar cómo su abuela había sido una de las inspiraciones que me llevarían al mundo de la investigación. Debí de caerles bien, ya que esa noche me invitaron a una reunión en la Alianza Francesa, donde les pude conocer un poco más en profundidad”.