¿Cuál es la dieta idónea en la recta final del examen MIR?

Especial MIR de IberoEconomía.
La alimentación juega un papel importante en las últimas semanas de estudio para el examen de acceso a la formación sanitaria especializada.

Los expertos afirman que la alimentación juega un papel fundamental durante todo el proceso de preparación del examen de acceso a la formación sanitaria especializada.

Los candidatos al examen MIR deben consumir alimentos altos en vitaminas B y E, potasio, magnesio y zinc.

Los candidatos al MIR suelen descuidar su alimentación por la presión de las últimas semanas de estudios para obtener una de las plazas de la formación sanitaria especializada. Durante los últimos meses previos al examen, el consumo de comida rápida incrementa considerablemente, lo que conlleva a un peor rendimiento físico y, por ende, a una reducción de los resultados obtenidos en la prueba final de acceso a la residencia del Sistema Nacional de Salud (SNS).

Ante situaciones de alto rendimiento académico, los estudios apuntan que la materia gris puede consumir hasta un 20 por ciento de las propiedades energéticas de los alimentos, siendo clave valorar el tipo de ‘combustible’ que se le está ofreciendo al cerebro durante los meses previos al examen MIR. En este sentido, las principales recomendaciones apuntan a un incremento en el consumo de vitaminas B y E, así como de sales minerales (potasio, magnesio y zinc) y oligoelementos (litio, silicio, selenio y cromo).

No obstante, uno de los grandes aliados para la preparación del MIR serán los hidratos de carbono. La combinación de estos alimentos generará un incremento en la capacidad de concentración, memoria y rendimiento intelectual. Una de las dietas más recomendadas para este período de preparación académica es la Mediterránea, donde destacará la variedad de los productos consumidos y en donde se dará prioridad a las carnes a la plancha, mucha verdura, pescados y aceite de oliva.

Lejos del menú del aspirante al MIR tendrán que quedar los excesos de grasas saturadas, azúcares y sal. Una ‘lista negra’ donde queda incluida la comida rápida y la bollería, así como cualquier otro tipo de alimentos que generen una digestión pesada y, por ende, una mayor sensación de cansancio o sueño al momento de afrontar los contenidos de la evaluación. Si bien es cierto que algunas personas drenan la sensación de ansiedad comiendo, los ‘snacks’ más recomendables serán las frutas y los frutos secos, ya que proveerán de vitamina y energía.

Los líquidos también son importantes. El consumo de bebidas energéticas o alcohólicas no ayudará al buen estado físico del candidato a las residencias del Sistema Nacional de Salud. Por el contrario, la recomendación nutricional pasa por ingerir entre dos y tres litros diarios que se pueden alternar con el agua, leche y zumos. En cuanto a las bebidas que contienen cafeína, podrán ser de ayuda durante momentos clave del proceso de estudio, aunque su consumo en exceso generará la misma sensación de malestar físico que conlleva a un peor rendimiento durante la ejecución de la prueba.